

APUNTES AL PIE DE LA HORA
Orlando Luis Pardo Lazo
La Pasión de Cristo, a pesar del Evangelio según Mel Gibson, también pudo ser así. Ser eso. Un carnaval de carneros con cuerda.
Acaso sólo Cristo creyó en Cristo. El resto fue una pésima puesta en escena. Precaria apuesta de apóstoles pacatos. Gritería de fieles sin fe. Ensañamiento de verdugos sin ninguna verdad que vencer o vengar. Más el llanto humillante de los seres queribles. En fin, un guión a guisa de eternidad, que podría rodarse con el mismo éxito así en Jerusalén como en Hollywood como en la calle G de La Habana (G de Gibson, se sobreentiende).
1980 es hoy y siempre.
Mariel es aquí y en todas partes (y puertos).
Los actos de repudio, en tanto autoparodia, han devenido acto de reposición. Repostería post-nacional. Apocalipsis de tramoya que mata, pero ya no crea ningún mito. Sospecho que no mana mucho de las fuentes fundacionales que narraron durante medio siglo o dos milenios el vía crucis de la Revolución en la Tierra.
Y lo más decepcionante no es la pataleta sin otro propósito que propagar el pánico: lo intolerable es la persistente pobreza de nuestra imaginación popular.
Este viernes veinte de noviembre he oído en clips digitales aquellas consignas analógicas con que nos desgañitamos hace tres o doscientas décadas (apenas un pestañazo del universo). Sea en la patria de los padres o en el gólgota con que los hombres renegaron del hijo de dios, nuestras gargantas aguerridas no tiene mucho más agregar a estas arengas con gangrena: pin pon fuera..., la calle es de..., aprieta que a Cuba..., viva la..., dame la letra..., ¿qué dice...? ¡no se oye...!, y un tedioso etcétera.
Nadie se insulte. Nadie se interese. Nadie se inmiscuya. Esta Biblia boba entre cubanos de Cuba tiene bastante de juego de rol. Mortal Combat 19.59 inminente, inmanente, por suerte hoy sólo en su perversa versión beta.
Nadie le dé demasiado crédito tampoco. Acaso sólo Cristo creerá en Cristo. El resto es un teatro de la tranquilidad, cuya etimología se entronca con “trancazo”. Mentiras mascadas. Mascarada del miedo. Mierda militante y amnésica que ahora, a escasas horas de su comparsita vacumbanchera, ha de estar tan rendida de sueño como yo.
Sin distinción de berridos o lucidez, represión o risa, hipocresía o histeria, irresponsabilidad o imbecilismo, crimen o caridad: muy buenas noches a todos por igual y nos vemos en el próximo versículo de este inventario invernal de viernes.
Felices y falaces sueños, proyecto siempre pospuesto de mi putativo país.
Orlando Luis Pardo Lazo
La Pasión de Cristo, a pesar del Evangelio según Mel Gibson, también pudo ser así. Ser eso. Un carnaval de carneros con cuerda.
Acaso sólo Cristo creyó en Cristo. El resto fue una pésima puesta en escena. Precaria apuesta de apóstoles pacatos. Gritería de fieles sin fe. Ensañamiento de verdugos sin ninguna verdad que vencer o vengar. Más el llanto humillante de los seres queribles. En fin, un guión a guisa de eternidad, que podría rodarse con el mismo éxito así en Jerusalén como en Hollywood como en la calle G de La Habana (G de Gibson, se sobreentiende).
1980 es hoy y siempre.
Mariel es aquí y en todas partes (y puertos).
Los actos de repudio, en tanto autoparodia, han devenido acto de reposición. Repostería post-nacional. Apocalipsis de tramoya que mata, pero ya no crea ningún mito. Sospecho que no mana mucho de las fuentes fundacionales que narraron durante medio siglo o dos milenios el vía crucis de la Revolución en la Tierra.
Y lo más decepcionante no es la pataleta sin otro propósito que propagar el pánico: lo intolerable es la persistente pobreza de nuestra imaginación popular.
Este viernes veinte de noviembre he oído en clips digitales aquellas consignas analógicas con que nos desgañitamos hace tres o doscientas décadas (apenas un pestañazo del universo). Sea en la patria de los padres o en el gólgota con que los hombres renegaron del hijo de dios, nuestras gargantas aguerridas no tiene mucho más agregar a estas arengas con gangrena: pin pon fuera..., la calle es de..., aprieta que a Cuba..., viva la..., dame la letra..., ¿qué dice...? ¡no se oye...!, y un tedioso etcétera.
Nadie se insulte. Nadie se interese. Nadie se inmiscuya. Esta Biblia boba entre cubanos de Cuba tiene bastante de juego de rol. Mortal Combat 19.59 inminente, inmanente, por suerte hoy sólo en su perversa versión beta.
Nadie le dé demasiado crédito tampoco. Acaso sólo Cristo creerá en Cristo. El resto es un teatro de la tranquilidad, cuya etimología se entronca con “trancazo”. Mentiras mascadas. Mascarada del miedo. Mierda militante y amnésica que ahora, a escasas horas de su comparsita vacumbanchera, ha de estar tan rendida de sueño como yo.
Sin distinción de berridos o lucidez, represión o risa, hipocresía o histeria, irresponsabilidad o imbecilismo, crimen o caridad: muy buenas noches a todos por igual y nos vemos en el próximo versículo de este inventario invernal de viernes.
Felices y falaces sueños, proyecto siempre pospuesto de mi putativo país.



